jueves, 24 de abril de 2014
La mirada y el miedo
Ser mirados
Ser explorados por la mirada es una experiencia que nos puede llegar a inquietar y llenar de desasosiego cuando no nos consideramos anónimos objetos del paisaje, intercambiables con cualquier otro objeto que se expusiera a la mirada del observador, sin más detenimiento e interés que el del puro pasear indiferente la vista de un lado a otro que tanto da que seamos nosotros como cualquier otro objeto. Lo contrario de estas condiciones de anonimato o de estar expuestos sin mayor peligro es la mirada escrutadora, la que se fija por más tiempo y dedicación a nosotros, averiguando qué somos, qué pretendemos ser o que nos gustaría ser.
La mirada impenetrable
miércoles, 23 de abril de 2014
¿Por qué no puedo portarme bien?
¿Qué es portarse bien? Realmente creo que merece la pena que nos lo preguntemos, porque es muy frecuente que a nuestra consulta de Psicología lleguen padres que preguntan ¿pero por qué mi hijo no puede portarse bien?, ¿llegará a portarse bien algún día? Pero lo más interesante es que también muchos niños expresan que no pueden portarse bien o nos hacen la pregunta ¿por qué no puedo portarme bien?
Hoy en día las dificultades que muchos niños enfrentan en la proyección de su conducta, resulta una preocupación importante de muchas familias y de la comunidad educativa en general. Para los adultos significativos el comportamiento bueno o malo de los niños, va a estar determinado por el tipo de conductas que los niños presentan que pueden ser esperadas o no esperadas por ellos. Permítanme subrayar lo relativo a las conductas esperadas
Los problemas de conducta son la proyección de un comportamiento perturbador. El comportamiento perturbador no tiene significación por sí solo, sino que se trata de un síntoma externalizado que esconde un conjunto de signos que no tienen por qué ser patológicos y que determinan dichas conductas. De ahí que su origen puede ser diferente para cada individuo a pesar de que el comportamiento sea en muchas ocasiones el mismo.
La mayor parte del comportamiento de cualquier sujeto, considérese o no un problema de conducta, es aprendido, mantenido y regulado por los efectos del medio. De esta manera podemos entonces entender cómo se adquieren muchas de las conductas inadecuadas. Entonces aparece un hálito de esperanzas para padres y maestros de niños con dificultades de conducta: la conducta inapropiada que ha sido aprendida, puede ser desaprendida o modificada. Y suponiendo que el problema esté causado por un déficit o trastorno, la conducta puede ser adquirida por entrenamiento.
Es importante tomar en cuenta que en el caso de niños con TDA-H, Trastorno Oposicionista y otros trastornos con un origen orgánico en ocasiones no va a ser suficiente el trabajo de modificación de conductas o de aprendizaje de otras nuevas, sino que deberán emplearse estrategias que al reconocer la cronicidad del sustrato conductual, empleen además, estrategias encaminadas a reducir la ocurrencia de esas conductas y centrarse en el trabajo de prevención de estos comportamientos , reduciendo o cambiando las condiciones que dan lugar a estas conductas y disminuyendo la duración e intensidad de las mismas. Unido a ello será importante propiciar las condiciones para que aumenten las probabilidades de tener conductas apropiadas.
Por ello la insistencia de que en el trabajo con los niños con TDA-H, el ambiente no es un invitado ocasional, sino que va a constituirse en el elemento esencial del proceso de intervención.
Un enfoque que refuerza esta idea lo encontramos en los trabajos que realiza el Grupo Albort y su equipo de colaboradores cuando analizan, que si bien el déficit de atención o el déficit de atención con hiperactividad son condiciones neurobiológicas, devienen trastorno, cuando los síntomas no encuentran una respuesta adecuada en el entorno social e impactan las relaciones del sujeto con su familia, la escuela, el grupo de pares o su estabilidad personal. La calidad de vida de las personas con TDA-H depende de las habilidades de los adultos significativos con los cuales interactúa el niño, para ofrecerles un entorno suficientemente estructurado que permita la máxima autonomía, y a la vez minimice aquellas condiciones que los induzcan a realizar conductas inapropiadas y los predispongan a la falta de autorregulación.
La premisa fundamental para lograr conductas apropiadas en los niños tengan o no TDA-H, es ofrecer un entorno seguro. ¿Qué implica un entorno seguro? Un lugar donde haya un orden, rutinas y reglas porque ellas proveen una estructura, un marco de acción, un encuadre que permite perfilar lo negociable y lo no negociable, lo que puedo y no puedo hacer, el momento metafóricamente hablando, de activar los frenos. ¿Qué aprende un niño al ponerle límites adecuadamente? El niño aprende valores, aprende a comportarse de forma segura. Los límites les permiten aprender a organizarse, a tener buenos hábitos que los ayuden a vivir mejor. Aprende a confiar en el adulto, pues este lo respeta, lo cuida y le atiende.
No menos importante para lograr un entorno seguro, es la consistencia. Ser consistente es por un lado lograr unidad de objetivos acerca de cómo proceder en cuanto a la conducta por parte de los adultos significativos, o sea qué comportamientos se esperan y cuándo y por el otro, la firmeza para eliminar interferencias y situaciones que impidan que lo que esperamos del niño se dé en cualquier momento, lugar y condición. Las discrepancias entre los padres o entre los maestros, desestabilizan, confunden al niño, ¿por qué hoy no puedo hacer tal cosa y ayer sí?, le digo a mi mamá ya que mi papá dijo que no, a ver si lo logro, pruebo fuerzas, total a veces se cansan…
El establecimiento de consecuencias a las conductas también constituye una garantía para un entorno seguro. Al estructurar límites es importante pensar en las consecuencias de su cumplimiento o incumplimiento. Las consecuencias son una forma efectiva de enseñar a los niños a que tomen la responsabilidad por sus decisiones, acciones y compromisos porque es necesario asegurarse que el niño sabe lo que ha hecho mal y lo que no debe volver a hacer y ayudarle a encontrar formas de evitar esas conductas inaceptables.
Por último en este sistema los padres deben estar con los hijos sin condición. Comportarse de forma coherente a lo exigido, pues con el ejemplo también se enseña, por lo que han de ser consecuentes con el modo habitual de hacer en casa. Además ser firmes y coherentes, pues si se cede, después costará mucho más retomar nuevamente el respeto de esas normas. Es necesario que adopten una mentalidad flexible que permita ir adaptando esas normas a la situación, al momento y edad concreta del niño. Pero sobre todo deben garantizar que exista un buen clima familiar, de afecto y cariño para que los niños sientan la seguridad que necesitan para trabajar para el mejoramiento de su conducta.
martes, 22 de abril de 2014
Trastornos de la personalidad
-Pensamientos que bajan la autoestima
Quererse a uno mismo es lo que permite amar a los demás, relacionarse mejor y triunfar en la propia vida, por eso es tan importante elevar el nivel de autoestima.
La autoestima es el reconocimiento del valor de sí mismo, es estar conforme con el propio esquema corporal, con la identidad, con la conducta, con las relaciones y con el trabajo que se ha elegido; es haber aprendido a respetar el propio lugar, las necesidades, los sentimientos y las propias emociones; es tener el coraje de seguir las inclinaciones y la vocación personal; es saber que lo que se ha llegado a ser ha sido ganado con fuerza de voluntad y esfuerzo; es tener proyectos y confiar en sí mismo; es saber perdonarse los errores y tener esperanza; es estar orgulloso de la persona que se es.
Pero existen pensamientos que pueden acosar a una persona y bajar su autoestima, como las ideas fijas que resultan inadecuadas. Esas ideas son aprendidas y condicionan su creatividad y su conducta; son un obstáculo para los cambios, la convencen de que es no es buena para algunas cosas y bloquean las oportunidades que se le presentan.
Cuando una idea está muy estructurada en el pensamiento y uno se da cuenta que lo limita, es necesario salir de ese condicionamiento abandonando el temor a cometer errores y al fracaso y además no pretender ser perfecto.
El perfeccionismo hace que los proyectos no se cumplan y por otro lado es una meta que es imposible cumplir porque no hay nadie que sea perfecto.
No es la perfección lo que permite realizarse como persona, sino la creatividad personal que es única.
Tampoco son sólo los resultados los que producen satisfacción, sino todo el proceso, la experiencia que se adquiere, lo que se aprende, lo que se puede expresar con el propio obrar.
Tener complejo de inferioridad es tener baja autoestima, es cometer el error de pensar que siempre serán los otros los mejores y que nunca los podrá superar porque cree que la vida es siempre una competencia con los demás.
Se puede ser diferente y único pero nunca compararse con los demás, porque los otros también son únicos y distintos. Solamente se puede hacer una comparación con el propio potencial, quién se es ahora y quién se podría ser.
Por esta razón resulta fundamental conocerse, aceptarse, comprenderse y ser bueno y compasivo con uno mismo.
Los sentimientos de culpa también bajan la autoestima y surgen cuando se actúa sin responsabilidad, pero estos sentimientos son inútiles si se continúa actuando en forma irresponsable, porque no hay juez más severo que uno mismo.
La autoestima no proviene de lo que dicen o piensan los demás, sino que es el propio auto concepto, la genuina sensación interna de estar intentando ser la mejor persona que se puede ser.
Las elecciones que cada uno hace revelan cómo se valora como persona. Si se elige no asumir riesgos, apostar a lo seguro, hacer lo que hace la mayoría, es porque se pretende ser perfecto y no se tiene confianza en sí mismo, en las propias cualidades ni en el potencial.
La depresión, la ira, el resentimiento y el rencor, son también elementos que disminuyen la autoestima, porque son emociones que no permiten avanzar y mantienen al individuo en el pasado, y el pasado no se puede cambiar.
Cada uno es responsable de su propia vida y no puede adjudicarle al destino las experiencias que le tocan vivir, porque el problema no es lo que sucede sino qué hace la persona con lo que le pasa.
Sentirse víctima es la mejor excusa para no intentar nada
"Trastornos de la personalidad"
-La personalidad insegura
La seguridad no existe, sin embargo una personalidad firme, capaz de enfrentar los desafíos de la vida, exige seguridad en las propias convicciones. La inseguridad la transmiten los padres inseguros y miedosos, que tienen la idea de que el mundo es un lugar peligroso y de que la vida es ante todo sufrimiento. La falta de confianza en sí mismo puede malograr el desarrollo, impedir las relaciones y el logro de los objetivos. Pero lo importante es que se puede cambiar y aprender a sentirse más seguro.
La causa de la inseguridad son los prejuicios, o sea los propios pensamientos que hacen creer que no se cuenta con la suficiente capacidad para hacer lo que se desea; y son estas creencias las que le dan forma al auto concepto, o sea la imagen desvalorizada de sí mismos que no les permite avanzar ni vincularse afectivamente.
Tener confianza en sí mismo significa tomar decisiones basadas en la propia convicción, sin temor a equivocarse; y no necesitar la opinión de otro para hacerlo.
Madres que crían con mucho amor a sus hijos, pero que bajo su sombra, los convierten en personas adultas dependientes e inseguras, con ninguna confianza en sí mismas, se aseguran que sus hijos la necesitarán siempre, que le pedirán su opinión para todo, para elegir su vocación, un trabajo, una amiga, una pareja y hasta para saber qué se ponen.
De esta manera, los hijos aprenden a no confiar en su propio criterio, a no poder elegir nada por sí solos, a no saber qué hacer sin la aprobación de sus madres.
Se crece con la convicción de que los propios pensamientos no sirven para nada, que las ideas acertadas son de otros y que mejor no tomar decisiones sin pedir otra opinión.
El amor desmedido y la sobreprotección pueden ser la causa más importante para la formación de un carácter débil que hace que la persona no esté dispuesta a arriesgarse ni asumir ningún desafío por sí sola.
Los hijos tienen que enfrentar sus propios problemas y aprender a tomar sus propias decisiones, empezando con las más pequeñas, desde que son chicos, hasta las más grandes cuando ya son adultos.
Los niños muy criticados también son muy inseguros y tienen un miedo exagerado a cometer errores. Toda decisión implica llegar a equivocarse, pero el error es una oportunidad de aprendizaje, genera la necesidad de probarse a sí mismo mismo y otorga el coraje de volver a intentarlo y de no abandonar el objetivo.
La responsabilidad no recae totalmente en los padres sobreprotectores, sino también en el hijo, porque todo padre que sobreprotege, necesita un hijo que se deje sobreproteger y que no reaccione cuando le limitan su independencia.
Llega la hora que es necesario que cada uno logre diferenciarse de sus padres, diga sus opiniones, insista en su posición y la defienda con firmeza, sin agresiones ni violencia, pero con seguridad y confianza en sí mismo; porque todos tienen el derecho a equivocarse, de cometer errores, de ser escuchados y comprendidos.
Más grave aún que tener que tener padres sobreprotectores, es tener padres indiferentes o abandónicos, que son aquellos que están ausentes o siempre ocupados y no tienen nunca tiempo para hablar con sus hijos.
El abandono psicológico causa serios problemas de comportamiento y trastornos de personalidad, la persona crece insegura y puede llegar a creer que no merece ser querida, ni escuchada ni cuidada, que sus necesidades no importan y que todo lo que dice no vale nada.
La condición social de marginación social también produce baja autoestima y sentimientos de desvalorización e inseguridad, son personas que tienen dificultades para relacionarse socialmente, no tienen iniciativa, temen hablar y participar en un grupo y se avergüenzan de su forma de ser. De esta manera, vuelven a recrear en el grupo, la relación que tenían en el hogar, convirtiéndose en el blanco de las críticas y las burlas, alimentadas por su condición pasiva que los hace vulnerables a los ataques de sus pares.
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