miércoles, 30 de abril de 2014

Adolescentes con complejos

Claves para ayudarles a superarlos

La pubertad es la época de la aparición de los complejos físicos. Casi no hay adolescente que se libre de ellos. Unos se sienten mal porque son bajos, otros porque son demasiado altos, otros porque están delgados o por el contrario porque están gordos o porque tienen granos o porque creen que tienen la nariz, el trasero o los pechos demasiado grandes. Casi cualquier excusa es válida para sentirse mal o diferente.
Que los primeros años de la adolescencia sean los más proclives a la aparición de esas inseguridades es normal. En ese momento efectivamente el cuerpo de chicas y chicos está sufriendo cambios tremendos. Los varones se vuelven más musculosos y las chicas acumulan grasa. A la inmensa mayoría de los adolescentes les salen granos y también les crecen la nariz o las orejas. Sus cuerpos están pasando de la infancia a la edad adulta y ese es un proceso en el que a veces se producen algunos “desajustes estéticos”, por ejemplo una nariz más madura en un rostro aún de niño.
Inseguridad emocional
A esos cambios físicos se unen grandes cambios emocionales. Chicos y chicas están también viviendo el proceso que les llevará a su madurez psicológica. Y ello unido a los profundos cambios hormonales provoca sus continuos cambios de humor, su rebeldía y su inseguridad.
Cuando se unen esos dos aspectos, los cambios físicos a la inseguridad emocional, se produce el caldo de cultivo ideal para la aparición de complejos.
Cuáles son los complejos más habituales
En las adolescentes la preocupación física más habitual se debe al peso. Durante la pubertad las chicas se preocupan porque la grasa se acumula en algunas zonas de su cuerpo: los pechos, las caderas y los muslos. En ocasiones esa preocupación puede convertirse en un problema muy serio si la adolescente desarrolla un trastorno de la alimentación como la anorexia.
En los chicos el problema es el contrario, lo que les suele preocupar es la falta de musculación en sus cuerpos.
Qué puede hacerse para ayudarlos
Cuando se trata de complejos sin más importancia, la ayuda principal para los adolescentes debe venir de su familia. Los padres pueden hacer mucho para que esas pequeñas preocupaciones no crezcan y se conviertan en un asunto más serio, de ese modo acabarán desapareciendo en el proceso natural de maduración.
Lo más importante que pueden hacer los padres de adolescentes para ayudarles a superar los complejos es fomentar su autoestima:
La estética no es el único valor. Es indudable que en nuestra sociedad se le da mucha importancia a la apariencia y luchar contra ello es muy difícil pero al menos hay que conseguir que chicos y chicas tengan claro que hay otros valores tan importantes o más que el físico.
La perfección no existe. Muchas veces los complejos nacen de la búsqueda de la perfección. Es muy importante que los adolescentes aprendan pronto que la perfección no existe, es solo un ideal. Y no solo eso, también deben aprender a descubrir la belleza de las imperfecciones.
Reforzar su posición ante sus amigos. La amistad es importantísima a esa edad y la opinión del grupo tiene mucho poder sobre las emociones de los adolescentes. Pero podemos enseñarles a que aprendan a reforzar su posición y defender su propio punto de vista sobre cualquier cosa, aunque difiera del punto de vista de la mayoría.
Asumir la frustración. Es importante que aprendan pronto que no todo es como ellos querrían que fuera, ni su propio cuerpo ni muchas otras cosas. Una buena tolerancia a la frustración hará de ellos adultos mucho más seguros de sí mismos.
No destacar siempre lo que hacen mal. Hay veces que los padres se enfocan excesivamente en aquello en lo que sus hijos fallan y olvidan que hay muchas otras cosas que hacen muy bien. Es importante corregirlos pero es igual de importante resaltar aquellas cosas en las que chicos y chicas son buenos. Eso les hará sentirse mejor con ellos mismos.
Cuándo buscar ayuda externa
Hay veces que el complejo tiene una base real que puede corregirse. Por ejemplo, si un adolescente no se siente bien con su cuerpo porque tiene sobrepeso será mucho mejor no obviar que realmente tiene un problema y poner las medidas para que adelgace.
En la mayoría de los casos, el complejo viene de cómo se ven ellos y no de cómo son en realidad. Por eso también puede ser bueno animar a los adolescentes a que lo consulten con su médico. Seguro que el doctor podrá demostrarles con tablas de medias que lo que a ellos les preocupa les pasa a casi todos los chicos y chicas de su edad.
Y si el complejo causa un gran sufrimiento al adolescente sí es recomendable consultar con su médico o con un terapeuta. Lo mismo que si la obsesión por alguna cuestión física puede llevar al joven hacia algún trastorno de la alimentación como la anorexia o advertimos algún síntoma de depresión.

martes, 29 de abril de 2014

¿Es mi hijo adolescente demasiado inmaduro?

Algunas claves para saber si los chicos crecen de forma adecuada


“Mi hija de trece años aún juega a veces con muñecas”, “Tiene catorce años pero se entretiene todavía viendo las películas de sus hermanos pequeños”, dicen algunos padres sobre sus hijos adolescentes. Y lo que se esconde tras esas reflexiones es el miedo a que los chicos no hayan madurado suficientemente. Ese es un pensamiento que tienen la mayoría de los padres alguna vez durante la adolescencia de sus hijos.
La razón es que el proceso de la adolescencia no es un tránsito lineal. No sigue unos pasos preestablecidos. Unos adolescentes maduran antes, otros lo hacen más tarde. Hay épocas en las que parecen mucho mayores y de pronto vuelven a parecer niños de nuevo. Todo eso es normal. Hay que tener claro que en los primeros años de la adolescencia, los chicos y chicas son todavía niños aunque estén en el camino de convertirse en adultos. Así que unas veces parecerán más pequeños de lo que son y otras nos sorprenderán con reacciones propias de adultos. Nada de eso debe preocupar a los padres.
La adolescencia también tiene etapas
Pero sí es importante seguir de cerca ese proceso de crecimiento. Pasar tiempo con ellos y dejarles hablar con nosotros. Permitirles expresar lo que sienten con libertad porque eso nos dará claves sobre si su adolescencia se está desarrollando con normalidad. E incluso cuando esto es así conocer bien lo que sienten y piensan nos permitirá ayudarles en el proceso.
Una forma de ayudarles es entender que la adolescencia es un largo proceso que tiene etapas. En cada una de ellas, las chicas y chicos van adquiriendo los rasgos que les harán adultos. Y aunque no hay tablas exactas que nos digan cómo son en cada edad, sí hay algunas claves que nos pueden ayudar a entender si chicas y chicos llevan una maduración normal.
Adolescencia temprana
Esta etapa abarcaría desde el inicio de la adolescencia que suele estar entre los 10 y los 12 años hasta dos o tres años más tarde. Aunque ya los llamamos adolescentes lo cierto es que son niños. Niños que están en proceso de cambio, eso sí. Las características de esta etapa son los cambios continuos de humor y los enfados dirigidos casi siempre contra sus padres. También es el momento en el que comienzan a interesarse por formar un grupo de iguales, generalmente de su mismo sexo.
Adolescencia media
La adolescencia media se suele situar entre los 13 y los 16 años. Chicas y chicos ya han comenzado su separación emocional de la familia, pertenecen a grupos en los que se relacionan con otros adolescentes de los dos sexos y algunos comienzan a tener relaciones de pareja. Es una etapa de gran rebeldía.
Adolescencia tardía
Entre los 16 y los 20 años transcurre el último periodo de la adolescencia. Se trata de una etapa mucho más tranquila en la que mayoría de los jóvenes ha vuelto a establecer unas relaciones cordiales con sus padres lejos ya de los momentos de enfrentamiento que suelen identificar las dos etapas precedentes. También en este momento comienzan a afianzar sus relaciones de pareja.
Maduración completa
No existe un momento en el que se pueda decir que una persona ha acabado de madurar ya que este es un proceso que transcurre en paralelo a la vida. Pero sí es cierto que si por maduración entendemos la capacidad de responsabilizarse de uno mismo y tomar decisiones sobre su vida, esto suele llegar con el final de la adolescencia. Pero su llegada no es repentina, a lo largo de las distintas etapas veremos a chicas y chicos como va aumentando su madurez emocional, moral e intelectual. Es decir, serán cada vez más capaces de relacionarse con ellos mismos y con las personas de los rodean de manera sana, podrán entender y seguir las reglas que rigen la sociedad y alcanzarán el pensamiento abstracto.
Signos de inmadurez
Existen algunos signos que muestran la inmadurez de los adolescentes. Los padres deben estar atentos a si aparecen en las dos últimas etapas de la adolescencia y sobre todo en la adolescencia tardía ya que podrían ser la señal de que la chica o el chico tienen problemas para conseguir un desarrollo adecuado:
Sentimiento de inferioridad. Un sentimiento que es normal en las primeras etapas de la adolescencia por los continuos cambios que está sufriendo su organismo pero que poco a poco debe ir desapareciendo.
Excesivo perfeccionismo. El afán por conseguir que todo sea perfecto es una prueba de falta de contacto con la realidad.
Miedo a equivocarse. La adolescencia es un periodo lleno de miedos que irán desapareciendo con el tiempo. Si no es así, algo en el crecimiento del joven está fallando.
Inseguridad. Como en el caso anterior lo que es normal en las primeras etapas debe ir eliminándose con el tiempo.
Baja tolerancia a la frustración. Igual que en los anteriores, esta es una característica normal de la infancia pero no de la edad adulta.

lunes, 28 de abril de 2014

Por qué cambia tanto el humor de mi hijo adolescente

Cómo puedes ayudarle a sobrellevar su instabilidad emocional


El humor cambiante de los adolescentes es una de las quejas más frecuentes de sus padres. Cuando entran en la pubertad los chicos y las chicas pasan de la alegría a la tristeza en segundos o del aburrimiento a la diversión en unos pocos minutos. De pronto son los seres más felices de la Tierra e instantes después no hay nadie en el universo más desgraciado que ellos.
Los constantes cambios emocionales son agobiantes para los adolescentes pero también son muy difíciles de soportar para quienes conviven con ellos. Pero esos vaivenes emocionales no tienen porqué ser constantes, ni tan frecuentes ni tan insoportables. Con una serie de claves podemos, primero aprender a convivir con ellos y, también, conseguir que sean menos frecuentes y extremos.
Información
El primer aspecto importante es saber a qué se deben. Teniendo información suficiente sobre sus causas podremos entenderlos mejor y combatirlos. Los cambios de humor de la adolescencia tienen dos causas, una de ellas es física y la otra es psicológica.
Causas físicas
Al comienzo de la pubertad, que suele ocurrir a partir de los diez años, empiezan a producirse en las chicas y los chicos cambios hormonales. Sus organismos comienzan a producir grandes cantidades de hormonas sexuales: estrógeno y progesterona en las chicas y testosterona en los chicos. Esas descargas hormonales son las que irán provocando los profundos cambios sexuales en nuestros hijos y, a la vez, causan, en parte, las alteraciones emocionales.
Causas psicológicas
A la vez que trabajan las hormonas, todo en el mundo de los adolescentes está en proceso de cambio: su cuerpo, su mundo, su mente, sus relaciones. Están dejando de ser niños pero aún no son adultos y eso conlleva una inestabilidad emocional que también provoca esos frecuentes cambios de humor.
Causas cerebrales
Investigaciones científicas recientes han descubierto, además, que los cambios que con la pubertad se producen en el cerebro de los adolescentes les impiden reconocer inmediatamente las emociones de otras personas, con lo que su inestabilidad se hace mayor. Según ha descubierto el doctor Robert McGivern de la Universidad de San Diego, ese proceso de cambio en las conexiones cerebrales -esas que nos permiten pensar- de los adolescentes solo se ajusta hacia los 18 años.
Tú puedes ayudarle
Una vez que sabes ya porqué le ocurre eso a tu hijo adolescente, plantéate que tú puedes ayudarle a reducir esos cambios de humor o, al menos, a hacerlos más llevaderos para toda la familia. Para que él o ella se sienta mejor y pueda tener mayor control sobre sus sentimientos puedes mostrarle una serie de recursos:

Hazle saber que no está solo. La función de los padres durante la adolescencia es muy importante ya que en esta etapa de la vida los seres humanos somos muy vulnerables desde el punto de vista psicológico. Es importante que nuestros hijos sepan que estamos a su lado. Y es crucial que pasemos suficiente tiempo con ellos. Para disminuir un poco esa vulnerabilidad, explícale a tu hijo adolescente las causas de sus cambios de humor. Y cuéntale que son normales, que le ocurre a casi todas las personas y que también te pasó a ti durante tu adolescencia.
Consigue que hable de lo que le ocurre. Es muy importante el desahogo. Seguro que tú hijo o hija adolescente hablará mucho con sus amigos pero también es bueno que hable contigo y te explique cómo se siente. Permítele igualmente que muestre sus sentimientos, explícale que llorar es tan bueno como reír cuando a uno le hace falta.
El deporte ayuda. Hazle saber que el ejercicio físico es una fantástica válvula para regular las emociones. Las hormonas que se producen en el organismo tras la práctica de actividades deportivas son magníficas para reducir la tensión y mejorar el estado de ánimo. Así que alienta a tu hija o hijo adolescente para que practique deportes.
Descansar bien es fundamental. El organismo necesita siempre su dosis de descanso pero durante la adolescencia, cuando los cambios son tan profundos, aún más. Explica a tu hijo adolescente que el cansancio le provocará aún más irritación o tristeza.


Si consigues que tu hija o hijo adolescente siga estos consejos verás como su vida, y también la del resto de la familia, se vuelve más fácil. Asumir que los cambios de humor son normales es el primer paso para que todo sea más sencillo. Pero los padres de los adolescentes deben estar atentos a esos cambios de humor, aunque son normales en prácticamente todos los chicos y chicas es necesario vigilar si esas alteraciones emocionales son excesivamente profundas. Si fuera así, podríamos estar ante algo más grave, como una depresión y en ese caso sería imprescindible buscar ayuda médica.




Fuentes: Robert F McGivern, Julie Andersen, Desiree Byrd, Kandis L Mutter, Judy Reilly. "Cognitive efficiency on a match to sample task decreases at the onset of puberty in children". Brain and Cognition Volume 50, Issue 1, October 2002, Pages 73-89

La depresión en los adolescentes

Una enfermedad que afecta al 8% de los chicos y chicas en esta edad



 Aproximadamente un 8% de los chicos y chicas sufren una depresión durante su adolescencia. Esta enfermedad afecta con mucha mayor frecuencia a las chicas que a los chicos, un 13% de las adolescentes la padecerán frente a tan solo un 4,6% de los varones en esta edad.
Muchos padres sienten terror ante la posibilidad de que les ocurra a sus hijos. Y otros están confundidos porque como la adolescencia es la etapa de los cambios de humor bruscos y continuos tienen miedo de no saber detectar a tiempo este problema. Por eso es bueno contar con la información suficiente para saber si a nuestros hijos puede estar ocuriéndoles. O si ese es el caso, poder actuar a tiempo e impedir que la enfermedad sea más grave. Es importante mantener una buena comunicación, fluida y constante, con nuestros hijos y pasar tiempo con ellos para saber siempre cómo están.
Qué es una depresión
Hay personas que no entienden bien lo que significa estar deprimido y creen que la falta de energía de los que padecen esta enfermedad se soluciona con críticas o con reprimendas y otros creen que la depresión es una actitud que puede cambiarse si así lo quiere la persona que la padece. Pero ninguna de estas ideas es cierta. La depresión es una enfermedad mental y una enfermedad grave. Como el resto de las enfermedades requiere tratamiento y un periodo, que puede ser más o menos prolongado, para la recuperación.
La terapia es muy efectiva
Una buena noticia es que las personas deprimidas que reciben ayuda terapéutica mejoran notablemente su calidad de vida. Y otra magnífica noticia es que la depresión se cura. Pero hay que tener en cuenta que siempre requiere atención médica. Y su tratamiento puede incluir medicación o terapia psicológica y, en la mayoría de los casos, una combinación de los dos.
Causas de la depresión
La depresión no tiene una causa única. En ella intervienen factores genéticos, el entorno, el estado de salud general, algunos acontecimientos dramáticos como la muerte de un ser querido y ciertos patrones de pensamiento. En el caso de los adolescentes, se cree que además, que en la aparición de las depresiones tienen algún papel las alteraciones hormonales propias de esta edad, el estrés que provoca el proceso de maduración y los conflictos que ocasiona en algunos chicos la formación de la propia identidad unida a la adquisición de la independencia.
Síntomas de la depresión
Los síntomas de la depresión son muchos y muy variados pero los más comunes en los adolescentes son:
-Cansancio permanente y falta de energía
-Dificultad para la concentración
-Cambios en el apetito. Lo general es que disminuya pero también hay ocasiones en que aumenta.
-Irritabilidad
-Pérdida del interés por actividades con las que antes se disfrutaba
-Sentimientos de desprecio hacia uno mismo
-Tristeza
-Pensamientos sobre la muerte o el suicidio
-Alteraciones del sueño
-Disminución del rendimiento escolar
-Aparición de actitudes desafiantes
Distanciamiento del grupo de amigos
-Consumo de alcohol o drogas
Una recomendación para los padres es que si se advierten varios de estos síntomas en un adolescente y estos síntomas se prolongan durante más de dos semanas consulten al médico.
El riesgo de suicidio
Uno de los problemas más graves de la depresión es que algunas veces lleva asociado el riesgo de suicidio. En Estados Unidos hay más de dos millones de adolescentes a los que se les ha diagnosticado depresión. Y los expertos creen que esa alta cifra está relacionada con el aumento de los suicidios entre los jóvenes que ya son la tercera causa de muerte entre chicos y chicas de 15 a 24 años.
Un consejo para los padres de adolescentes deprimidos o que crean que sus hijos padecen una depresión es que si advierten alguno de estos síntomas en sus hijos se pongan en contacto inmediato con su médico:
Si su hijo reparte sus pertenencias entre los demás
Si su hijo de pronto tiene actitudes que conllevan un riesgo para su vida
Si verbaliza intenciones de suicido
Si su hijo se aísla y únicamente quiere estar solo
Además, se recomienda a los padres cuyos hijos están siendo tratados contra una depresión que comuniquen al médico de sus adolescentes cualquier cambio en el carácter o la personalidad de estos, cualquier efecto secundario de los medicamentos o si la depresión no mejora o empeora. Todos los estudios demuestran que cuando la depresión de los adolescentes se diagnostica a tiempo y es tratada por los médicos es mucho más raro que se convierta en un trastorno grave. En la inmensa mayoría de los casos, además, los chicos y las chicas que la padecen pero que reciben el tratamiento adecuado consiguen llevar una vida normal.



Fuentes:

Bostic JQ, Prince JB. Child and adolescent psychiatric disorders. In: Stern TA, Rosenbaum JF, Fava M, Biederman J, Rauch SL, eds. Massachusetts General Hospital Comprehensive Clinical Psychiatry. 1st ed. Philadelphia, Pa: Mosby Elsevier;2008:chap 69.
Zuckerbrot RA, Cheung AH, Jenson PS, Stein REK. Identification, assessment, and initial management guidelines for adolescent depression in primary care. Pediatrics. 2007;120:e1299-e1312.
Llaberia, D y Lorente, P. Epidemiología de la Depresión Infantil. Editorial. Espaxis. España 1990.


Descubre por qué tu hijo adolescente está triste



La tristeza es un sentimiento de aflicción que todos padecemos alguna vez. Hay personas que la sufren más a menudo y otras que rara vez la padecen. Pero hay una edad en la que la mayoría de las personas se sienten tristes con mucha más frecuencia, es la adolescencia.
No es raro ver a adolecentes tristes. Quizá no les veamos llorar o nos cueste darnos cuenta de su tristeza porque la pueden ocultar con la ira, el enfado, la reveldía o la apatía pero ahí está. La mayoría de los adolescentes pasan por ello, a menudo se sienten tristes o melancólicos.


¿Por qué está triste?
Muchos padres y madres se preguntan por qué les ocurre eso a sus hijos. Son chicos y chicas sanos que no tienen graves problemas, a los que la vida les sonríe y sin embargo, muchas veces los observan tristes.
No deben preocuparse por ello porque la tristeza es un sentimiento habitual durante la adolescencia que aparece por variadas razones, casi siempre unidas a los procesos de cambio tremendos que viven los adolescentes tanto en el plano físico como en el psicológico y el social.

Las causas más frecuentes de su tristeza pueden ser:
Frustración
. Es muy habitual que las cosas no sean tal y como el adolescente esperaba. Eso que es un hecho que todos los adultos saben y asumen, es más difícil de sobrellevar en la adolescencia. Lo primero porque, en general, educamos poco a los hijos para que aprendan a enfrentarse a los fracasos y no les damos recursos suficientes para tolerar la frustración. Y, lo segundo, porque en la época de cambios que viven las cosas no son casi nunca como ellos esperan.
Susceptibilidad. Es otras de las características más unidas a la adolescencia. Los chicos y chicas a esa edad son muy susceptibles. Y esa susceptibilidad les nace de que no están demasiado seguros de sí mismos. Están creciendo muy deprisa, viven cambios físicos que los desconciertan, están comenzando a entrar en el mundo de los adultos pero ellos aún no lo son aunque tampoco son ya niños. Todo eso provoca inseguridad y la inseguridad hace que los adolescentes se sientan enfadados o heridos con frecuencia por todo lo que hacen las personas que están a su alrededor.
Sensación de pérdida. La mayoría de los chicos y las chicas adolescentes abandonan la niñez felices, les gusta sentirse mayores y hacen intentos por convertirse rápidamente en adultos, o al menos por parecerlo. Pero eso no quiere decir que no sufran por abandonar la niñez, que no tengan sensación de pérdida. La entrada en el mundo de los adultos aunque es progresiva tiene muchas dificultades así que los adolescentes sienten que han perdido ese colchón de protección en el que vivieron en su niñez, a veces también temen haber perdido el cariño de sus padres aunque eso no sea cierto. Pero el cambio en el tipo de relación que mantienen con ellos e incluso su intransigencia o su rebeldía que pueden hacer que las relaciones entre padres e hijos sean mucho más tensas en esos momentos hace que todo sea diferente. Y en cierto modo, los adolescentes pierden a los padres que tenían cuando eran niños o, en la mayoría de las veces, piensan que los han perdido.
Emociones exageradas. Si hay una característica que defina la adolescencia esa es la de que chicos y chicas siente todo de forma mucho más dramática. La alegría, la amistad, el amor pero también la tristeza. Una parte de la culpa de que eso ocurra la tienen sus hormonas que están actuando de manera acelerada y otra parte es debida a los cambios que los chicos viven a esta edad.
¿Cuándo deja de ser normal la tristeza de un adolescente?Aunque es normal que los adolescentes estén tristes, sus padres deberán preocuparse si los periodos de tristeza son muy largos o esta es muy profunda o si produce en sus hijos pensamientos suicidas o provoca que asuman actitudes de riesgo. En esos casos, los padres deben buscar ayuda profesional inmediatamente. Lo más recomendable es hablar primero con el doctor del adolescente porque él sabrá cómo orientarlos.

Adolescentes



  • Mi hija me odia
    Y a su papá lo idolatra

    Miles de madres del mundo entero han dicho en alguna ocasión esta frase: “mi hija me odia”. Algunas saben distanciarse de las exageraciones de sus hijas adolecencia y se lo toman con humor, otras, en cambio, sufren profundamente con esos sentimientos de sus hijas. A muchas también les duele enormemente que mientras sus hijas se enfrentan continuamente a ellas suelen desarrollar un amor sin límites por su padre. “Según ella, yo lo hago todo mal, en cambio, su papá es perfecto en todo”, confiesan muchas madres de adolescentes sobre los sentimientos que sus hijas muestran en la casa.



    En cualquiera de los casos, lo que indica esa frase, “odio a mi madre”, es una de las relaciones más complejas que pueden darse entre seres humanos, la de las madres y sus hijas cuando estas entran en la adolescencia.
    En esos momentos, una relación que, por lo general, siempre había sido estrecha y apacible se convierte en un infierno que puede hacer sufrir tanto a las madres como a las hijas y al resto de la familia.
    Por eso bueno entender las razones de ese choque. Saber por qué ocurren los enfrentamientos y buscar fórmulas para desactivarlos y conseguir que la relación entre madre e hija adolescentes funcione.
    Por qué se producen los enfrentamientos entre madres e hijas
    Porque es una de las relaciones más cercanas. La relación entre madres e hijas es una de las más cercanas. Mientras las hijas son niñas, la relación con sus madres suele ser muy estrecha. Las niñas admiran a sus madres y las tienen como modelo. En una relación con tal grado de proximidad, cuando llega la adolecencia y las jóvenes comienzan a revelarse contra los adultos en busca de su propia identidad, los primeros enfrentamientos son con sus madres, las personas más cercanas a ellas, las que han tenido como modelo. Porque una de las claves de la adolescencia es que las chicas huyen de los modelos de la niñez para encontrar su nuevo camino, la personalidad que se va formando hasta que se conviertan en adultas. Lo más habitual es que una vez superada la etapa adolescente, las chicas vuelvan a recobrar la proximidad a sus madres incluso en los casos en los que los enfrentamientos han sido más duros.

    La competencia. Uno de los problemas más habituales entre las mamás y sus hijas adolescentes es la competencia. Muchas veces por parte de ambas. Las hijas compiten con sus madres por el amor de sus papás y las madres, en muchas ocasiones, compiten, aunque sea de forma inconsciente, con sus hijas porque sienten que su tiempo ya ha pasado y quieren aferrarse a la juventud.
    Qué pueden hacer las mamás para resolver el problema
    No ser amigas, ser mamás. Un error de algunas mujeres con sus hijas adolescentes es que intentan convertirse en sus amigas. Cuando eso ocurre, se pierden los roles familiares, las chicas no encuentran el modelo que necesitan en sus madres, incluso las que utilizan ese modelo para oponerse a él en su etapa de rebeldía. Por eso es fundamental conservar el papel de mamá. Puede ser el de una mamá cercana, tolerante, que comprenda a su hija pero sin olvidar nunca que ella es la mamá, la encargada de poner las normas y de proteger y cuidar de su hija adolescente.
    Si tú estás bien, ella estará mejor. La adolescencia de las hijas coincide en muchos casos con la menopausia de la mamá. Esas dos etapas son, probablemente, las más difíciles en la vida de una mujer. Algunas mujeres sufren durante la menopausia a causa de sus alteraciones hormonales y además de problemas físicos deben enfrentarse a desarreglos emocionales: tristeza inmensa, cambios súbitos en el estado de ánimo, accesos de ira o de profunda ansiedad… Todo eso hace que su vida se complique. Si ese momento coincide además con la adolescencia de una hija la situación puede ser muy dura. Por eso es aconsejable para todas las mujeres menopaúsicas que consulten con su doctor para resolver los problemas asociados a este momento de sus vidas. Por ellas mismas lo primero, pero también por sus hijas adolescentes.
    No relajar la disciplina. Aunque sientan que es agotador y se multipliquen las quejas de las chicas, las mamás harán bien en mantener las normas que se hayan fijado para la adolescente. Retar esas normas puede ser un hecho normal en el proceso de la adolescencia pero las chicas necesitan una referencia para saber cómo comportarse.

FALTA DE ATENCIÓN EN LOS NIÑOS

Causas

Podemos definir como los fallos en los mecanismos de funcionamiento de la atención que producen una falta de adaptación a las exigencias del ambiente, o a nuestras propias exigencias». La definición es algo tautológica si no aclaramos a qué mecanismos de funcionamiento nos referimos. Básicamente, aunque posteriormente los ampliaremos, nos referimos a la amplitud atencional, es decir, la cantidad de información que el niño puede procesar al mismo tiempo y a la intesidad atencional, es decir, a la capacidad para mantenerse sobre la tarea, respondiendo a sus demandas

Diagnóstico

· Son menos capaces de mantener el mismo grado de compromiso en las tareas que otros niños.

·  No pueden prestar suficiente atención a los detalles.

·  Pierden la concentración en tareas rutinarias.

·  Sus trabajos suelen ser poco limpios y desordenados.

·  Cambian de una actividad a otra sin terminar ninguna de ellas.

·  Pierden el material y olvidan las cosas.

Como en muchas entidades clínicas, de primera intención el diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención parece no tener problema, pero no debe perderse de vista que muchos pacientes tienen problemas psiquiátricos agregados que pudieran dificultar el llegar a una conclusión. En algunos estudios comunitarios se ha podido mostrar que hay sobrediagnóstico y por lo tanto sobretratamiento; incluso es muy probable que como también sucede en otras enfermedades, la inatención o la hiperactividad solo sean síntomas de otros diagnósticos psiquiátricos o neurológicos y no la enfermedad en sí. Tal podría ser el caso de los trastornos de conducta, trastorno de aprendizaje, trastorno desafiante por oposición, trastorno de Tourette´s, incapacidad para el lenguaje y el habla, o los que afectan la atención como trastornos de ansiedad ( ansiedad de separación, trastorno obsesivo o sobreansiedad) , de personalidad ( manía, depresión ), abuso de sustancias, esquizofrenia o psicosis, resistencia generalizada a hormona tiroidea o hipertiroidismo. Se ha encontrado en los diferentes estudios realizados que el TDAH tiene predisposición familiar, sobre todo cuando aparece con un trastorno de conducta con expresión variable como la depresión mayor

Como síntomas agregados al TDAH principalmente en el tipo combinado, se ha hallado alteración de la percepción visomotora, lo cual está en relación directa con problemas de aprendizaje y en todas las tareas que requieran percepción visomotora

Cuando existen de manera agregada a trastorno de atención o de aprendizaje, signos y síntomas neurológicos focales, cefalea o crisis epilepticas, pudiera sospecharse incluso de neoplasias del lóbulo temporal, teniendo un gran valor en estos casos, como auxiliar importante de diagnóstico el EEG

En fin, a manera de síntesis, se puede decir que el diagnóstico se basa en primer termino en los criterios de la Asociación Psiquiátrica Americana de 1994, teniendo en cuenta los antecedentes familiares otorgados por los padres o escolares otorgados por los maestros, desde luego la exploración neurológica para descartar alteraciones orgánicas como las visuales o auditivas, sin perder de vista que una gran parte de los niños con TDAH cursan con signos y síntomas que pudieran corresponder a otro tipo de trastornos psiquiátricos, teniendo necesidad de descartar por ejemplo, retraso mental, autismo o esquizofrenia. A partir de la discusión sobre la clasificación de los pacientes, se ha profundizado en el diagnóstico y tratamiento, lo que ha conducido actualmente a una mejor evaluación y manejo de estos niños